jueves, 7 de junio de 2012

El desafío "K": entre Discépolo y Fito




Homenaje pos morten a Jorge Devoto 
Leo a la presidenta y me cuestiona. Hace tiempo ya –demasiado- que me viene entrando ese puñal. La leo y me devuelve un desafío al corazón… el de volver a creer. La leo y me devuelve el desafío de no pararme en el rencor de lo que estos mismos actores hicieron antes. La leo y me llama a encontrarme con otros en el dolor de lo que nos sucedió. La leo y siento que me desafía a ir hacia adelante y a dejar atrás el mito del eterno fracaso que –como tangueros irredentos- llevamos encima. La leo y re leo… y siento que hay algo en mí que se resiste a entrar de nuevo en ese juego… Los militares, el peronismo, el radicalismo. Cuánto destrozo han hecho... Entre el crimen y la estafa, han destruído el país. Y sin embargo, con su irreverencia habituial, el desafío me lo hace, insiste en hacerlo. Es como si me dijera: “Si, así fue, pero aquí estamos… no derrotados. Existe la dignidad, existe la alegría y estamos dispuestos. De a poco, vamos andando… Hoy homenajeamos a Jorge Devoto, mañana, veremos”. Y así parece! Pero duele, pareciera que el destrozo de otros tiempos y el sentido tanguero de siempre se potencian para atarnos a la melancolía. Hasta duele el desafío de lo que sucede en el país desde hace tiempo. Duele porque uno se acostumbra a quedarse en la queja discepoliana… se acostumbra a decir: si yo tuviera el corazón… el corazón que di… si yo pudiera como ayer… querer sin presentir… Pareciera que uno no quiere salir de sentirse vacío ya de esperar y de llorar tanta traición.
Sin embargo insiste… y pone el dedo ahí, en el exacto y preciso lugar donde dolió antes: en la economía, la cultura, la justicia, la desesperanza, el amor propio. A veces esa precisión de bisturí me resulta insoportable, pero no puedo dejar de leerla y de contentarme con su desafío. En el fondo, estoy feliz de que pueda volver a esperanzarme. Me encanta Discépolo, disfruto el tango, pero soy de otra generación… y, siguiendo el desafío de nuestros tiempos, enfrento a ese fatalismo con otras letras. Porque además, todas las mañanas, no deja de desafiar. Entonces frente a aquel narigón querido, irredento tristón que perdió su corazón…, me paro y digo, con todas las formas de mi tiempo:  “quien dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón… Tanta sangre que se llevo el río...”

Después de todo, es nuestro país, y así somos. Como decía Osvaldo Soriano, nadie es del todo argentino sin un buen fracaso, sin una frustración plena, intensa, digna de una pena infinita. Pero somos algo más que tango. El desafío de estos tiempos viene a compensar el bandoneón que cargamos con la celebración vital del violín quichuista de las chacareras, la sensualidad de las zambas, con el cogollo regalado en una tonada, el abrazo chamamecero o el repique de los tambores murgeros. Y ahí vamos, celebrando desafíos y reflotando esas viejas musicalidades que teníamos dentro nuestro en las múltiples formas de este nuevo tiempo.
Abrazos.
J.Q.

lunes, 14 de mayo de 2012

El siglo XX y los genocidios

¿Es el siglo XX -como afirma Eric Hobsbawm- el siglo de la barbarie por el grado de ensañamiento de la especie humana con sus congéneres? Es, indudablemente, una cuestión que despierta el debate.
Eric Hobsbawm
 Una imagen nos viene a la memoria: El hombre camina con la ayuda de un soporte de cuatro patas a causa de su cáncer terminal, escucha a una monja del hospital que le dice que vivimos en una época horrible, violenta, difícil. Un poco ofuscado por el argumento de la religiosa, el hombre le contesta: Aaah, pero no es “especialmente” horrible… Contrariamente a lo que se piensa, el siglo XX no fue “particularmente” sangriento. Las guerras causaron unos cien millones de muertos (es una cifra aceptada), agréguele unos diez millones más de los gulags rusos. Los campamentos chinos…, bueno, nunca se sabrá, pero dicen que veinte millones. Llevamos ciento treinta o ciento treinta y cinco millones de muertos. No impresiona demasiado teniendo en cuenta que en el siglo XVI los españoles y los portugueses consiguieron (sin cámaras de gas ni bombas) hacer desaparecer ciento cincuenta millones de indios de América Latina ¡¡aaah, eso sí que es un buen trabajo, hermana!! ¡¡Ciento cincuenta millones de personas liquidadas!! Bueno, usted dirá que tenían el apoyo de la iglesia… por eso hicieron un buen trabajo… Tan bueno fue que en América del Norte holandeses, ingleses, franceses y luego los norteamericanos, se sintieron inspirados y degollaron a cincuenta millones de personas más. ¡¡Doscientos millones de muertos en total!! ¡¡La mayor masacre de la historia de la humanidad!!! ¡¡Eso ocurrió aquí, ahí!! ¡¡A nuestro alrededor!!! Y ni un triste museo del holocausto... La historia de la humanidad, hermana… es una historia de horror.
Escena de la memorable "Invasiones bárbaras"
La escena es de Las invasiones bárbaras, premio Oscar a la mejor película extranjera en el 2003, del canadiense Denys Arcand. El director del filme podría completar el cuadro con el tráfico de esclavos y los millones de muertos que la experiencia neocolonial ha dejado en el sur del mundo en la segunda mitad del siglo XIX. Si seguimos en esa línea, nos alejamos de la imagen sombría que sobre el siglo XX se ha generalizado a partir de la obra de Eric Hobsbawm. No obstante, más allá de esos debates sobre la “barbarie” de la pasada centuria, lo cierto es que la idea de genocidio es hija del siglo XX y revela, ahora sí, un dato novedoso en la historia: más que un incremento de la barbarie lo que se observa en el pasado S.XX -mirado en detalle y en el largo plazo-es un lento aumento de la conciencia universal respecto de los crímenes masivos del Estado cuando se dispone a descargar toda su furia sobre los ciudadanos. De hecho, el primer genocidio del siglo, el Armenio, no ha sido juzgado; pero sí los últimos: el de Ruanda y el de Bosnia, por la Corte Penal Internacional, creada en 1998.
El texto "¿El hombre lobo del hombre?: los genocidios en el siglo XX", del libro Veintiuno, ensayos sobre lo que nos dejó el S.XX, hace un recorrido sobre los momentos mas destacados de la disposición genocida en el pasado siglo. Si Ud quiere una síntesis conceptual del texto, en power point, haga click aquí.

domingo, 6 de mayo de 2012

Mirar el siglo XX desde el sur


Se ha generalizado la perspectiva de Eric Hobsbawm sobre el siglo XX, al que se refiere como un siglo corto, limitado en sus extremos por la primera gran guerra -y la Revolución rusa de 1917- y la caída del muro de Berlín, o de los socialismos reales, en 1989. Pues bien, si miramos el siglo XX desde otras referencias que no sean europeas, sino desde la dinámica de las periferias del mundo colonial y semicolonial en sus luchas por un lugar distinto en el sistema mundo moderno, la periodización del siglo XX puede no coincidir con esa perspectiva. Es de cierto sentido común que así sea, considerando que el mundo y las realidades sociales se piensan de distintas maneras, siempre y cuando hagamos un esfuerzo por superar el eurocentrismo epistemológico. El pensamiento, tanto en las ciencias sociales como en cualquier orden, está condicionado por cuestiones geopolíticas y económicas, su universalidad está acotada. En América Latina hay una larga tradición en los esfuerzos por mirar el mundo “desde nosotros” y no con los ojos del mundo europeo.
Contrariamente a lo que se estila en la bibliografía académica, el primer capítulo del libro "Ensayos sobre lo que nos dejó el siglo XX" aborda el período desde la perspectiva de la periferia del mundo desarrollado. Muy brevemente, trata de recorrer ese siglo poniendo en primer plano las voces que se alzan desde la periferia de la economía mundo en su lucha por la autonomía frente a los poderes mundiales, y desde allí priodizar. Desde esa perspectiva, si se mira bien, el siglo XX puede ser pensado como el siglo de Caibán, retomando la figura de Shakespeare en La Tempestad, o simplemente el siglo de la emergencia periférica.

Para bajar un esquema conceptual de estas argumentaciones haga click aquí

sábado, 28 de abril de 2012

Un litro de lágrimas

Esta película japonesa, "Un litro de lágrimas", para quien pueda terminar de verla, es conmovedora. Amor por la vida. Agradecimiento por los arboles, el cielo, las sonrisas, las lágrimas, por lo que sentimos, por los que sabiéndolo o no nos ayudan a caminar nuestro camino, en fin... una película inolvidable.
Cuenta la historia real de Aya Kitou, una niña que habiendo nacido en 1962, a los 15 años comienza a sentir los efectos de una enfermedad incurable. Su doctora, que nunca deja de decirle la verdad, le recomienda no dejar de escribir todo lo que siente, en su cuerpo y en sus emociones. Aya muere a los 25 años. Sus diarios fueron publicados bajo el título de "Un litro de lágrimas" o simplemente "Diario de Aya Kitou". Un texto que todavía no he leído pero que ya mismo estoy comenzando a hojear con voracidad. El texto ha sido traducido ya a muchos idiomas como un gran testimonio de vida. En algúna parte del mismo ella dice algo así: "un litro de lágrimas ya he dejado aquí... y vendrán mas... pero quiero vivir... esa es mi desición". En la actualidad el libro se ha convertido en un texto de enorme fuerza vital para personas de todas las edades y de las mas variadas condiciones físicas. La película, reitero, es conmovedora. La encontré por casualidad en you tube. Se puede ver completa ahí o también bajarla. La dirección es la siguiente:
http://www.youtube.com/watch?v=kqErGn9U5kE

Que la disfruten.
Salú !!
J.Q.

viernes, 30 de marzo de 2012

Siempre y nunca, contra a veces



Del libro "Los otros cuentos"
Relatos del Subcomandante Marcos

Había una vez… dos veces. Una se llamaba Una vez y la otra se llamaba Otra vez.

Una y Otra vez formaban la familia A veces, que vivía y comía de vez en vez. Los grandes imperios dominantes eran Siempre y Nunca que, como es evidente, odiaban a muerte a la familia A veces. Ni Siempre ni Nunca toleraban que los A veces existieran. Siempre no podía permitir que Una vez viviera en su reino porque entonces Siempre dejaba de serlo porque si ya hay una vez entonces ya no hay siempre. Nunca tampoco podía permitir que Otra vez apareciera otra vez en su reino porque Nunca no puede vivir con una vez ni menos si esa vez es Otra vez. Pero Una vez y Otra vez se la pasaban molestando una y otra vez a Siempre y a Nunca. Y así fue hasta que Siempre las dejó en paz para siempre y Nunca nunca las volvió a molestar. Y Una vez y Otra vez se la pasaron jugando una y otra vez.
“¿Qué ves?” preguntaba Una vez, y Otra vez contestaba: “Pues qué.. ¿no ves?”
Y así se la pasaban felices de vez en vez, ya ves. Y siempre fueron Una y Otra vez y nunca dejaron de ser A veces. Tan, tan.

Moralejas del Sub:
1-      A veces es muy difícil distinguir entre una vez y otra vez.
2-      Nunca hay que decir siempre (bueno, a veces sí)
3-     Los “siempre” y los “nunca” los imponen los de arriba, pero abajo aparecen “los molestos” una y otra vez que, a veces, es otra forma de decir “los diferentes” o de vez en vez, “los rebeldes”.
4-      Nunca vuelvo a escribir un cuento como éste, y yo siempre cumplo lo que digo (bueno, a veces no).
5-     Esta última moraleja no es del Sub comandante, sino de quien transcribe este cuento. Y tiene que ver con el momento en que lo descubrí. Leí este cuento en los bosques de San José del Pacífico, Oaxaca, México, bajo los efectos de un honguito muy suave. Mientras lo leía mi compañera de entonces conversaba con una lagartija (quizá porque tenía un honguito de más). Cuando lo terminé de leer me dije: siempre que pueda, de vez en vez, trataré de visitar este bosque o, al menos re leeré este cuento, para caer en la cuenta que si caigo en los Nunca o en los Siempre, no cuento el cuento.

Salú.
J.Q.

martes, 21 de febrero de 2012

La fortuna de vivir


Hay quienes damos un gran rodeo para darnos cuenta que la vida es un milagro que se descubre en la elegancia y la grandeza de las pequeñas cosas. Hay otros privilegiados que, vaya a saber porqué razón, simplemente viven ese milagro como algo cotidiano, simple y asombroso a la vez. Pues bien, La fortuna de vivir, es una hermosa película de de Jean Becker, que trata de estas cuestiones: la transformación de la vida cuando disfrutamos de las pequeñas cosas. Cuando uno termina de verla parece resonar en nuestro oído aquella canción de Serrat: De vez en cuando la vida afina con el pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras, para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla. Es que “saber usarla” es todo un arte, para lo cual hay que desaprender mucho y atreverse a andar, sentirse orgulloso de formar parte de la vida de ese amigo, capaz de reconocer el amor cuando aparece, saber pasar el tiempo con sentido, y también sin sentido, simplemente pescando ranas, caminando por las orillas de un río o dejando que la música se apodere de nuestros sentidos. La Fortuna de vivir es una película para ver, para disfrutar. Uno puede identificarse –de a ratos- con uno u otro de estos amigos que ensayan distintas formulas para darle sentido a su existencia, y sentirla. Pero indefectiblemente nos lleva a pensar la forma en que andamos nuestro camino. Una delicadeza que conviene tener en cuenta cuando vamos al video club.
Salú !!
J.Q.

martes, 7 de febrero de 2012

Por supuesto: Un poco de azucar del estero !!!

No necesita mucha presentración este músico genial que ha dado la Patagonia, Lisandro Aristimuño haciendo su Azúcar del Estero, del disco Crónicas del Viento, en noviembre de 2009, Teatro "Nd Ateneo", Buenos Aires. Inmenso este pibe....
Y a no dejar de alimentar el alma !!!

Salú !!
Juan